El término “embarazo clínico” se utiliza para describir gestaciones en las que se ha confirmado la presencia de un saco gestacional y un latido cardíaco fetal mediante una ecografía realizada típicamente en la semana 6-7 de embarazo. Esto indica un embarazo en desarrollo y establece una mayor certeza de que el embarazo sea viable. En otras palabras, se ha llegado a una etapa en la que el embarazo es lo que comúnmente se conoce como “clínicamente reconocido” debido a la evidencia visible y el latido cardíaco del embrión.

Sin embargo, también se incluyen en la categoría de “embarazo clínico” a los embarazos ectópicos, que son aquellos en los que el embrión se implanta en un lugar fuera del útero, como en una trompa de Falopio. Estos embarazos ectópicos no son viables y requieren atención médica inmediata, ya que pueden representar un riesgo grave para la salud de la mujer.

En contraste, un “embarazo bioquímico” se refiere a una etapa aún más temprana del embarazo en la que se ha detectado un aumento en los niveles de la hormona beta-hCG (gonadotropina coriónica humana) en una prueba de embarazo, pero aún no se ha confirmado mediante ecografía la presencia de un saco gestacional ni un latido cardíaco fetal. Por lo tanto, un embarazo bioquímico se considera “preclínico” y puede terminar de manera espontánea con la menstruación antes de que se confirme clínicamente.

En resumen, el término “embarazo clínico” se refiere a embarazos en los que se ha confirmado la presencia de un saco gestacional y un latido cardíaco fetal en una ecografía realizada en la semana 6-7 de embarazo, y puede incluir tanto embarazos intrauterinos viables como embarazos ectópicos. Un “embarazo bioquímico” es una etapa aún más temprana del embarazo en la que los niveles de beta-hCG han aumentado, pero no se ha confirmado la gestación de manera clínica.