En los tratamientos de fecundación in vitro (FIV), ya sea mediante la técnica convencional o ICSI, se presenta un fenómeno conocido como fallo de fecundación cuando no se logra la fecundación de ningún óvulo. Este evento ocurre en aproximadamente el 11-15% de los casos con FIV y en un 3% con ICSI.

Después de la punción folicular, donde se recuperan los óvulos, se lleva a cabo la fecundación en el laboratorio. En la FIV convencional, los óvulos se incuban con una concentración adecuada de espermatozoides para permitir la fecundación de manera espontánea. Tras varias horas de incubación, el equipo de laboratorio verifica si los óvulos han sido fecundados.

En el caso de la FIV-ICSI, se realiza la inyección de un espermatozoide directamente en el óvulo, forzando la entrada de la célula masculina en su interior. Sin embargo, esta invasión no garantiza la formación de un embrión, y puede haber un fallo de fecundación si este proceso se ve interrumpido.

Ante un fallo de fecundación o baja fecundación, es necesario reconsiderar el ciclo de la paciente y buscar la causa subyacente de este fracaso, si es posible. En situaciones donde el fallo de fecundación ocurre después de un intento de FIV convencional y se desconoce la causa de la esterilidad, se sugiere realizar ICSI en ciclos subsiguientes.

Los fallos de fecundación después de ICSI suelen asociarse con la mala calidad ovocitaria o una calidad espermática deficiente. En tales casos, se deben realizar evaluaciones más detalladas para identificar y abordar las posibles causas del fallo de fecundación.