La fertilidad, definida como la capacidad de reproducirse o procrear, difiere entre hombres y mujeres en varios aspectos. Uno de los puntos clave es el efecto de la edad, ya que la etapa fértil de la mujer se ve limitada con el tiempo, mientras que en el hombre este declive ocurre mucho más tarde. Otros factores que influyen en la fertilidad incluyen la capacidad para mantener relaciones sexuales, la salud de ambos progenitores, la calidad del semen y de los óvulos, y la capacidad de la mujer para gestar.

La fertilidad masculina depende de la correcta producción de espermatozoides, su calidad y la capacidad de ser eyaculados. La fertilidad femenina, por otro lado, está relacionada con la calidad de los óvulos, la capacidad de ovular y llevar a cabo una gestación exitosa. La mujer nace con todos los ovocitos que tendrá a lo largo de su vida, y su cantidad disminuye con el tiempo.

La edad también juega un papel crucial en la fertilidad. La mujer experimenta un descenso pronunciado en la fertilidad a partir de los 35 años, y a los 40 años, las probabilidades de lograr un embarazo de manera natural disminuyen drásticamente. La etapa más fértil de la mujer suele ser alrededor de los 20 años. La fertilidad masculina también puede disminuir con la edad, pero estos cambios no son tan acentuados como en las mujeres.

La fertilidad de una mujer, a pesar de ser constante durante todo el ciclo menstrual, varía a lo largo del mismo. La ovulación, que generalmente ocurre alrededor del día 14 del ciclo, es el período más fértil. Calendarios, calculadoras de ovulación y otros métodos pueden ser útiles para aumentar las probabilidades de embarazo, pero la fecha exacta de ovulación puede variar entre mujeres y ciclos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define problemas de fertilidad cuando una pareja no logra un embarazo evolutivo después de 12 meses de relaciones sexuales no protegidas, aunque este período se reduce a 6 meses para mujeres mayores de 35 años. Los estudios de fertilidad incluyen pruebas como el seminograma para evaluar la fertilidad masculina y análisis hormonales, recuento de folículos antrales y cariotipo para evaluar la fertilidad femenina. Estos estudios personalizados permiten identificar la causa de los problemas de fertilidad y determinar el mejor enfoque de tratamiento para cada pareja.