La miomectomía es una intervención quirúrgica que se realiza para extirpar los miomas uterinos, los cuales son tumores benignos que se desarrollan en el útero. A diferencia de la histerectomía, que implica la extirpación total del útero, la miomectomía conserva el útero y permite a la mujer mantener su capacidad reproductiva.

Existen diferentes técnicas para realizar una miomectomía, y la elección depende del tamaño, número y ubicación de los miomas, así como de las preferencias del cirujano y la paciente. Algunas de las técnicas comunes incluyen:

1. Miomectomía laparoscópica: Se realizan pequeñas incisiones en el abdomen para insertar una cámara y herramientas quirúrgicas. Los miomas se extirpan utilizando una técnica de corte, enucleación o morcelación.

2. Miomectomía histeroscópica: Se introduce un histeroscopio a través de la vagina y el cuello uterino hasta el útero. Se utilizan herramientas quirúrgicas para extirpar o destruir los miomas que se encuentran dentro de la cavidad uterina.

3. Miomectomía abdominal: Se realiza una incisión en el abdomen para acceder al útero y extirpar los miomas. Esta técnica se utiliza principalmente para miomas grandes o múltiples.

La miomectomía puede ser recomendada si los miomas causan síntomas significativos, como sangrado menstrual abundante, dolor pélvico o problemas reproductivos. También puede ser una opción para mujeres que desean preservar su fertilidad y no desean someterse a una histerectomía.

Es importante tener en cuenta que la miomectomía puede tener riesgos y complicaciones, como sangrado, infección o daño al útero. Además, existe la posibilidad de que los miomas vuelvan a crecer después de la cirugía.

Después de una miomectomía, se puede requerir un período de recuperación, y es posible que se recomiende un seguimiento con el médico para monitorear los miomas restantes o detectar la aparición de nuevos miomas.