La implantación embrionaria comienza el séptimo u octavo día de desarrollo embrionario, es decir, después de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. Puede durar varios días.

Durante el proceso de implantación, el blastocisto invade el endometrio y rompe sus vasos sanguíneos para formar unos nuevos que le permitan el intercambio con la sangre materna a través de la placenta y el cordón umbilical. La rotura de estos pequeños vasos del endometrio hace que se produzca el sangrado de implantación.

Cabe destacar que el sangrado de implantación no siempre ocurre en todos los embarazos. Lo más habitual es que la mujer no tenga ningún tipo de sangrado al quedarse embarazada.

Tiene algunas características que nos permiten reconocerlo: 

  • No es tan abundante como la menstruación.
  • Es de un color rosado, no rojo intenso. 
  • Su duración es menor que la menstruación.