La trombofilia implica una coagulación sanguínea acelerada, generando rápidamente coágulos. Se clasifica en adquirida (como el síndrome antifosfolípido) y genética, relacionada con mutaciones en genes como el Factor II o Factor V.

Síntomas:

Es a menudo asintomática aunque algunos pacientes pueden experimentar inflamación en las piernas, dolor y fiebre, especialmente cuando se forma un trombo.

Diagnóstico:

El diagnóstico no se basa solo en análisis convencionales, requiriendo pruebas específicas como estudios de anticuerpos, factores de coagulación y análisis genéticos.

Trombofilias y embarazo:

Durante el embarazo, los cambios en la coagulación aumentan el riesgo de trombos. Las mujeres con trombofilias enfrentan un riesgo elevado de aborto, pero el tratamiento puede mejorar significativamente las posibilidades de llevar el embarazo a término.

Con el estudio de coagulación sanguínea se pueden detectar alteraciones en factores sanguíneos durante el embarazo, como el aumento de la trombina, que pueden contribuir a la pérdida gestacional, desencadenando respuestas inflamatorias y formación de trombos.

Para evitar el aborto es esencial la colaboración entre ginecólogos y hematólogos. El uso de aspirina y heparina durante el embarazo, respaldado por estudios, se considera beneficioso, pero los embarazos siguen siendo complicados, requiriendo precauciones y seguimientos rigurosos.

Cada caso es único, y el tratamiento personalizado, junto con la adherencia a las indicaciones médicas, es fundamental para mejorar las perspectivas de éxito en estos embarazos de alto riesgo.