El vaginismo es una disfunción sexual caracterizada por la contracción involuntaria de los músculos alrededor de la vagina, lo que provoca estrechez en la misma. Esta tensión dificulta o impide la penetración durante las relaciones sexuales, causando molestias y, en algunos casos, dolor.

Existen dos tipos de vaginismo:

  1. Vaginismo primario: Ocurre en mujeres que nunca han tenido relaciones sexuales y suele estar asociado a causas psicológicas.
  2. Vaginismo secundario: Afecta a mujeres que han tenido experiencias sexuales satisfactorias previas, pero desarrollan vaginismo después de algún traumatismo, como el parto o cirugía ginecológica.

Las causas del vaginismo son variadas:

  • Causas psicológicas: Incluyen educación sexual deficiente, desconocimiento del propio cuerpo, traumas en la infancia, miedos relacionados con el sexo, entre otros.
  • Causas fisiológicas: Pueden abarcar desde himen rígido, infecciones vaginales, hasta cambios hormonales como la menopausia o tumores en la pelvis.

Las causas psicológicas a menudo incluyen factores como la falta de información sobre el cuerpo, baja autoestima, traumas sexuales previos, miedo a quedarse embarazada o perder la virginidad, entre otros. El tratamiento del vaginismo implica la colaboración de psicólogos y ginecólogos. No hay medicamentos específicos para curar el vaginismo, pero se utilizan técnicas de terapia de pareja, ejercicios del suelo pélvico, relajación, y en algunos casos, el uso de dilatadores vaginales para ayudar a superar la tensión muscular. La lidocaína en gel puede aliviar el dolor, pero no cura la condición. Con el tratamiento adecuado, las mujeres pueden superar el vaginismo y, en casos de vaginismo leve, lograr una vida sexual plena y, si así lo desean, concebir sin problemas. Es fundamental abordar esta disfunción antes del embarazo para evitar complicaciones durante exámenes pélvicos o el parto.